China: altas tasas de crecimiento y alto riesgo de liberalización, ¿única alternativa?

James Petras*
La marcha de China hacia un estatuto de superpotencia económica se ha acelerado en estos últimos años. A medida que la economía china se globaliza, algunos cambios fundamentales en sus mercados financieros han abierto nuevas oportunidades para la expansión en el extranjero, a la vez que han incrementado la amenaza de crisis financiera. Crecimiento dinámico, especulación financiera a gran escala y expansión exterior han ido acompañados de problemas sociales y económicos más profundos y extendidos, que podrían llegar a socavar el crecimiento sostenido y la estabilidad política. [size=xx-small][b]Artículos relacionados:[/b] . ¿Ha llegado la hora de la democracia en China? / Mark Aguirre* . China, del vértigo del crecimiento actual al retorno a sus raíces / Dabid Lazkanoiturbu . China SL (sociedad líquida): cambio y polarización en la sociedad china contemporánea / Manel Ollé [/size]

[i]El dinámico crecimiento económico y financiero de China[/i]

El mundo entero está ya al corriente del crecimiento prolongado y sin precedentes del PIB, las exportaciones, las manufacturas y otros sectores de la economía china, todos ellos con cifras de crecimiento anual de dos dígitos. Los economistas y los bancos centrales han tomado buena nota de las reservas de 1,5 billones de dólares estadounidenses, el monto del ahorro interno de 3 billones y el rápido crecimiento del número de millonarios y multimillonarios. Además, a pesar de las turbulencias de los mercados financieros europeos y estadounidenses de mediados de 2007, el superávit comercial chino para julio de este mismo año fue de 24.400 millones de dólares, una cifra récord; el crecimiento de las exportaciones fue de 34%, a pesar del aumento de las importaciones de petróleo y la reducción de las bonificaciones a los exportadores y el incremento de los tipos de interés. Se espera que el PIB de China crezca en casi 11% en 2007 (Financial Times, 20.7.2007), el mayor porcentaje de crecimiento del nuevo milenio.

Mientras, en Estados Unidos, políticos, expertos y jerarcas sindicales siguen despotricando contra las ventajas de los bajos salarios chinos (fuerza de trabajo barata) y el comercio injusto, Beijing avanza hacia un nuevo estadio más evolucionado del capitalismo fundamentado en la inversión a gran escala y largo plazo en I&D, inversiones a gran escala –públicas y privadas— en el extranjero: África, Asia y Estados Unidos, y grandes inversiones en industrias de alta tecnología vinculadas a las manufacturas. Los principales bancos y corporaciones de China se están abriendo al público, ofreciendo acciones a los inversores privados y consiguiendo con ello 52.000 millones de dólares en los primeros seis meses de 2007, con lo que China se ha convertido en el centro bursátil con mayor oferta de papel del mundo (Financial Times, 5.7.2007). Más de 1,3 billones de dólares de ahorros chinos están a punto de desembocar en los mercados mundiales de bonos y acciones con la creciente liberalización (Financial Times, 28.8.2007). El mercado bursátil chino (incluido Hong Kong) es hoy mayor que el japonés (Financial Times, 29.8.2007). Los mercados de capitales chinos avanzan hacia una integración con el mercado mundial y sus multinacionales e inversores están listos para poner en cuestión la dominación de EE UU y la Unión Europea en el sector de las materias primas. En las próximas décadas, las empresas chinas competirán con Boeing y Airbus en la producción de aviones comerciales. A pesar de las quejas de los candidatos demócratas a la presidencia de EE UU, las importaciones chinas pasaron de 512.000 millones de dólares en 2004 a 792.000 millones en 2006, y llegarán a 1 billón de dólares en 2007/2008. China es ya la segunda potencia, detrás de EE UU, en inversión en tecnología, con una asignación de 134.000 millones de dólares en 2006. Como porcentaje del PIB (4,9%), China supera a EE UU muy ampliamente.

Los logros macroeconómicos de China y su capacidad para reducir la brecha que la separa de las antiguas potencias imperiales, como EE UU y la UE, ha suscitado hostilidad, ansiedad e iniciativas destinadas a socavar sus ventajas comparativas. Al plantear quejas que se aplican por igual, o más, a Occidente y a Japón, en relación con el medio ambiente, la seguridad de los productos y los derechos sindicales (más del 91% de los trabajadores del sector privado no pertenecen a ningún sindicato y la mayor parte de los trabajadores del sector público tienen un derecho limitado a la huelga, cuando no lo tienen prohibido), tanto EE UU como la UE intentan bloquear la emergencia de China como potencia económica mundial. El crecimiento sostenido de China, a pesar de una fuerte competencia por parte de zonas de bajos salarios y países de alta tecnología, la presión política del exterior y las tensiones sociales del interior, han planteado cuestiones que hasta ahora no han sido abordadas por sus críticos del exterior (que predicen consecuencias catastróficas insostenibles) y los celebrantes internos del actual modelo económico.

Los nuevos retos se deben, precisamente, al éxito económico del régimen chino, a medida que asciende la escala económica desde una producción intensiva en trabajo y de bajo valor agregado , a una producción de capacitación media y alta y a los servicios. A medida que China pasa de las plantas de ensamblaje y de una alta dependencia en la producción industrial a una manufactura plenamente integrada basada en tecnología propia, su fuerza de trabajo excedente, de baja calificación y compuesta mayormente por emigrantes del campo a la ciudad comienza a ser innecesaria, a medida que la escasez de trabajadores capacitados potencia la fuerza negociadora de éstos.

A medida que China diversifica su comercio, se vuelve menos dependiente (y vulnerable) de EE UU y más integrada en las economías de Rusia, Asia, Africa, América Latina y Oriente Próximo. A medida que el sector financiero chino se extiende en el propio país y en el mundo entero, y pasa de ser importador de capital a exportador de capitales, se enfrenta a nuevos retos y riesgos. Unos mercados bursátiles volátiles y unas inversiones arriesgadas en el extranjero pueden producir grandes beneficios o graves pérdidas, que a su vez pueden tener consecuencias importantes en la economía real china. Estos riesgos aumentan, a medida que el programa gubernamental de liberalización se acelera y pasa a abarcar todos los sectores de la economía.

[i]La liberalización financiera de China y la estrategia económica exterior de EE UU[/i]

No cabe duda de que el ímpetu de las políticas de liberalización de China, desde finales de la década de 1970 hasta hoy, son producto de decisiones políticas internas adoptadas a los más altos niveles de gobierno. No obstante, fuerzas exteriores, principalmente el Gobierno de EE UU, han ejercido presiones sobre las políticas económicas chinas, en particular desde la década de 1980. La política de EE UU ha acosado, presionado, amenazado, coaccionado, y conseguido cambios paulatinos pero acumulativos en las políticas económicas y las estructuras de China en los últimos 25 años.

Los objetivos de las políticas de EE UU y sus éxitos y fracasos relativos pueden resumirse así:

1. apertura de China a las inversiones a largo plazo y gran escala, y a la propiedad mayoritaria extranjera;
2. educción amplia y generalizada de los obstáculos a los intercambios comerciales;
3. acuerdos sobre patentes y licencias y defensa y ejecución de los derechos de propiedad intelectual;
4. restricciones a las inversiones chinas en sectores económicos estadounidenses particularmente lucrativos;
5. legislación laboral e incrementos salariales y de los costos de producción;
6. esfuerzos para limitar la expansión económica de China en Africa (Sudán), Asia del Sudoeste (Irán), Oriente Próximo (Estados del Golfo) mediante planteamientos selectivos de cuestiones relacionadas con los derechos humanos;
7. presiones sostenidas y generalizadas para la reducción de las barreras a la penetración estadounidense en los mercados financieros, bancos, cajas de ahorros y empresas prestamistas y de inversión chinos.

La penetración y expansión financieras de EE UU en China constituyen el objetivo estratégico a largo plazo de Washington en su política económica. De hecho, la mayor parte de las restantes reclamaciones y demandas a China puede contemplarse como moneda de cambio para conseguir una apertura decisiva del sector financiero de China. Resumiendo la estrategia financiera imperial de EE UU, un primer paso consiste en conseguir la aquiescencia de China en la apertura a la compra de acciones por parte de grupos financieros, y conseguir así una cabeza de playa en cada subsector: bancos, firmas inversoras y consultorías de inversión, entre otras. Esta medida iría acompañada de una mayor liberalización de las inversiones, tanto las de la modalidad offshore como las in shore (adquisiciones de empresas nacionales) por parte de los grandes fondos privados de inversión estadounidenses. Un tercer paso consistiría en implicar a los gigantes financieros de EE UU en el acceso a centenares de miles de millones en ahorro interior (público y privado) para invertir en empresas locales de manufactura, comerciales, tecnología y financieras, y con ello llegar al control de los sectores económicos estratégicos de China. Por último, una vez conseguida una capacidad de presión financiera sobre la economía mediante la adquisición y fusión de empresas, ejercer una presión directa sobre el gobierno en beneficio de los intereses imperiales de EE UU.

El sector financiero es el sector económico dominante de EE UU y el más influyente políticamente. No es ninguna sorpresa que el anterior presidente y director ejecutivo de la firma de inversión Goldman Sachs, y actual Secretario del Tesoro, Henry Paulson, sea el hombre clave y principal estratega económico del imperio estadounidense en el Extremo Oriente. La táctica de Paulson consiste en potenciar las demandas proteccionistas de los fabricantes y los políticos demagogos de EE UU como herramienta de negociación para conseguir concesiones por parte de China en materia de apertura de su sector financiero y bancario a la penetración y eventual control por parte de EE UU. Hoy día, las principales firmas financieras, bancarias y de servicios afines han sustituido a los fabricantes como grupo dominante dentro de la clase gobernante de EE UU. Toda la carrera de Paulson está vinculada a Wall Street, y nuestro hombre ha demostrado su lealtad –y sus propios intereses- en la lucha por una mayor liberalización de los mercados financieros chinos, tanto como alto ejecutivo de Goldman Sachs como en su calidad de zar de la política económica de EE UU. Tanto Wall Street como los que elaboran las políticas imperiales estadounidenses están de acuerdo en que el objetivo estratégico es la liberalización del sector financiero de China, a fin de conseguir el acceso y posterior control de sus reservas en moneda extranjera, ahorro y capital de inversión, por medio de una presencia institucional directa en China y de una influencia indirecta a través de los fondos de gestión depositados en las agencias chinas de inversión exterior.

[i]La liberalización de los mercados financieros[/i]

En China, los responsables de la formulación de políticas han dado numerosos pasos graduales hacia la apertura de sus mercados financieros al capital extranjero. La liberalización del sector financiero ha sido objeto de áspero debate y oposición, pero paulatinamente, y más aún recientemente, los ideólogos de la liberalización han ganado terreno. El avance de la liberalización ha sido gradual pero acelerado, a pesar de los graves riesgos que encierra. Los resultados altamente negativos de la liberalización financiera registrados en la crisis de Japón de 1990, la inmensa crisis asiática de 1997 y la actual y abierta crisis en EE UU-UE, iniciada en julio de 2007, no han conseguido disuadir a los liberalizadores chinos, que consideran que China es inmune a las crisis. El país no fue afectado por las anteriores crisis financieras precisamente a causa de los controles de capitales, los límites a la propiedad financiera extranjera y las prohibiciones de los fondos especulativos más activos. A pesar de los efectos salutíferos de los controles financieros estatales, las élites liberalizadoras chinas promueven la liberalización financiera argumentando que:

1.la entrada de la banca extranjera mejorará la eficiencia financiera, reducirá la corrupción, integrará a China en los mercados financieros internacionales y, en general, llevará a nuevos niveles las prácticas y la organización financiera del país;
2. la propiedad extranjera de bancos se producirá en asociación y bajo supervisión del Estado, por lo que estará sometida a la legislación china y estará al servicio de los intereses nacionales;
3. la inversión de las reservas exteriores chinas en los mercados internacionales en los mercados bursátiles internacionales producirá mayores rendimientos al Estado chino que mantenerlas en bonos del Tesoro. En cualquier caso únicamente 200.000 millones, de los 1,3 billones de dólares de reserva, serán asignados a la inversión en acciones
4. al invertir en otros mercados, China podrá garantizar su cadena de suministros vitales de energía, materias primas y alimentos, y también reducirá su superávit comercial y la negativa presión política de EE UU y EU; con la apertura del sector financiero, China conseguirá el respaldo de Wall Street y la City de Londres contra los proteccionistas, especialmente en EE UU, enfrentando a Paulson y Bernanke (jefe de la Reserva Federal) contra los senadores Clinton y Schumer, y otros demagogos demócratas presidenciables.

Estos argumentos favorables a la liberalización del sector financiero han influenciado en gran medida a los responsables chinos de las políticas del país. China ha ampliado el acceso extranjero a su floreciente mercado bursátil, y en mayo de 2007 autorizó las empresas de valores mixtas e incrementó la serie de actividades que estas empresas pueden realizar (Financial Times, 25.5.2007). Los bancos extranjeros están ahora autorizados a emitir tarjetas de crédito y de pago, y los financieros extranjeros pueden invertir hasta 30.000 millones de dólares en los mercados financieros chinos, lo que triplica el anterior límite. Por ahora, China resiste las presiones estadounidenses de suprimir los límites de propiedad extranjera invertida en los bancos nacionales, y de permitir que las empresas extranjeras adquieran corredurías de bolsa. No obstante, teniendo en cuenta la creciente presencia estadounidense y europea, los expertos esperan que los liberales chinos supriman estas restricciones en un próximo futuro.

China ha dado luz verde a la expansión, las fusiones y las adquisiciones e inversiones en todo el mundo, en forma de socio minoritario de sociedades anónimas extranjeras (Financial Times, 31.5.2007), y ha abierto recientemente su mercado corporativo de bonos, con la eliminación de cuotas, a la vez que ha permitido que los precios de los bonos y los tipos de interés los establezca el mercado (Financial Times, 15.6.2007). En 2006, el sector bancario de inversión se abrió a Morgan Stanley, Goldman Sachs y UBS, que se han beneficiado de la multiplicación por diez en el mercado bursátil en 2007 (Financial Times, 6.6.2007).

La promoción de las inversiones privadas en valores ha conducido a la duplicación de inversiones en las compañías continentales hasta 7.300 millones de dólares en 2006, por encima de 2005. No obstante, el sector de inversión privada de valores ha estado dominado por los fondos gigantes estadounidenses, como el Carlyle Group y el Texas Pacific Group. En junio de 2007, Beijing abrió sus puertas a las adquisiciones extranjeras (Financial Times, 7.6.2007). Los bancos chinos se han vuelto hacia la gestión de patrimonio, atrayendo a clientes de mayor entidad en detrimento de los microcréditos, los productores agrarios de bajos ingresos y los pequeños productores.

China ha suprimido virtualmente todas las restricciones a la inversión extranjera en compañías chinas privadas, lo que ha conducido a la penetración extranjera en varios sectores clave. Durante los primeros cinco meses de 2007, los beneficios de los bancos extranjeros han crecido a razón de un 43% anual (400 millones de dólares) (Financial Times, 7.7.2007).

La apertura a las inversoras privadas ha estado sujeta a permanentes limitaciones, por las que las adquisiciones se reducen a porcentajes accionariales minoritarios. El Carlyle Group ha dado un primer paso con 800 millones de dólares en servicios financieros, medios de comunicación y manufacturas. Una vez establecidas como accionistas minoritarios, las grandes firmas financieras occidentales pueden acceder a más altos niveles de control. Algunos fondos de acciones y banqueros han conseguido acciones mayoritarias en pequeños bancos provinciales, evitando la oposición política, lo que da como resultado intentos de hacerse con acciones mayoritarias en bancos costeros más grandes. La principal táctica consiste en establecer vínculos económicos y políticos firmes y apalancar los lazos iniciales paulatinamente hacia espacios más amplios y mayores beneficios (Financial Times, 27.8.2007). La principal preocupación de toda la élite financiera angloamericana es conseguir un camino despejado hacia la captura de los ahorros de los clientes de los bancos. Barclay Bank optó por otro camino en su entrada en el mercado financiero chino, mediante la venta de 3,1% de su capital al China Development Bank. Barclays tiene ahora un socio financiero local influyente que le permitirá realizar adquisiciones en el mercado chino. La liberalización está llevando a la exportación de capital por medio de tres canales estatales, que han permitido suavizar las restricciones a la inversión en el extranjero. Comenzando con 90.000 millones de dólares en una agencia y 200.000 en otra, el capital chino proporciona un terreno extraordinariamente lucrativo para los asesores internacionales a fin de crear productos de inversión para atraer los casi 300.000 millones de dólares provenientes del mercado global. Los estadounidenses y los europeos han indicado ya que bloquearán las inversiones chinas en lo que describen como sectores estratégicos, tal como sucedió en 2006 cuando Washington vetó la adquisición por China de la compañía petrolífera Unocal.

El capital extranjero occidental y japonés está entrando en el mercado de China por medio de un proceso de liberalización de dos pasos. En primer lugar, el Estado ha privatizado la energía, las telecomunicaciones, las manufacturas y el sector bancario. Con el nuevo proceso de liberalización, este primer paso ha ido seguido de ofertas privadas iniciales, con las que se venden acciones a los inversores por medio de su salida a los mercados bursátiles de ultramar. Los grandes bancos estadounidenses y los grupos de asesoría en inversiones, como Morgan Stanley, consiguen cientos de millones en comisiones en la organización de salidas a bolsa. Todos los principales bancos de inversión, como Merrill Lynch, Goldman Sachs, etc. están listos para obtener lucrativas comisiones prestando ayuda a las necesidades financieras del sector privado chino. El rápido crecimiento del sector privado chino proporciona una importante vía para el capital financiero occidental, especialmente el proveniente de bancos de inversión. Cuando las grandes compañías estatales deciden salir a cotización en los mercados bursátiles internacionales, habrá honorarios multimillonarios para Wall Street y la City de Londres.

[i]Los riesgos de la liberalización[/i]

La apertura financiera de China potencia las amenazas de volatilidad de los mercados y las finanzas internacionales: el riesgo de un contagio de los inversores derivado de una baja súbita de los mercados de ultramar afectará las salidas en bolsa. Dentro del país, la liberalización ha conducido a una burbuja especulativa creciente, a medida que las acciones han aumentado de precio en casi un 200% en dos años, sin un crecimiento equiparable en la generación de beneficios de las empresas implicadas. La relación entre precio y ganancias es cuatro veces superior a lo que se considera razonable. Más temprano que tarde la burbuja estallará y millones de pequeños inversores perderán sus ahorros y probablemente expresarán sus pérdidas en protestas públicas.

Con el tiempo, la paulatina apertura cuantitativa a los inversores financieros extranjeros puede producir cambios cualitativos acumulados. Hay una probabilidad considerable de que la flexibilización de las cuotas fijadas a la inversión extranjera conduzca a una mayor capacidad de que el capital extranjero ascienda, por intermedio de socios y hombres de paja locales, hasta posiciones dominantes. Si bien es algo que hoy no se contempla, fácilmente podría suceder si las actuales políticas de liberalización se acentúan y extienden a nuevos sectores progresivamente. La cuestión es que el capital financiero extranjero dispone de los fondos, la capacidad organizativa y el mando en los mercados que le permite superar en un mercado abierto a sus bancos y banqueros chinos competidores.

Existen riesgos parecidos en las inversiones chinas en ultramar. Las decisiones de los bancos de inversión y las auditoras estadounidenses y británicos han costado ya al organismo inversor de China (CIC), además de unas jugosas comisiones, una pérdida de 400 millones de dólares en un mes, en una de sus primeras operaciones en el extranjero: la oferta pública de venta (OPV) de Blackstone, que obtuvo 3.000 millones de dólares de CIC a un precio de 31 dólares por acción. Los dos principales ejecutivos de Blackstone, Steve Schwartzmann y Peter Peterson, vendieron entonces sus acciones, consiguiendo con la operación más de 500 millones de dólares de beneficio. Con esta venta de iniciados, las acciones de Blackstone cayeron a menos de 25 dólares (23 dólares cada acción, a finales de agosto de 2007) y el Estado chino cargó con una factura enorme de lo que se consideró una operación legal pero cuestionable por parte de la alta dirección de Blackstone. La corta carrera de China como propietaria de acciones en el extranjero produjo una pérdida del 22%. Este ejercicio del CIC en el ámbito de las inversiones de alto riesgo y las altas pérdidas registradas a manos de magnates financieros estadounidenses es sólo la punta del iceberg. Todo el proceso de liberalización, en lo que respecta a los flujos de entrada y salida de capital, pone en peligro todo el edificio del crecimiento industrial chino. A medida que el capital financiero chino especula con fondos del superávit exportador de China y adquiere peligrosos instrumentos financieros, millones de personas deben hacer frente a una mayor inseguridad económica. Entretanto, cientos de millones de personas excluidas de los círculos financieros cerrados siguen sufriendo las consecuencias de unos salarios bajo y un alto coste de la educación y el sistema sanitario privatizados. Mientras que los chinos de clase media y alta pueden permitirse el lujo de ganar o perder sus ganancias discrecionales en el mercado bursátil o convertir sus ahorros en cuentas offshore, la mayor parte de los trabajadores y campesinos chinos, que constituyen la espina dorsal del alto crecimiento del país, sufren las consecuencias de la alta volatilidad producida por el irracional comportamiento de los tahúres del mercado.

[i]Alternativas a una mayor liberalización[/i]

La liberalización del sector financiero chino es el objetivo estratégico del zar económico estadounidense, Hank Paulson. Como puso de manifiesto el Financial Times: “El precio del acceso de los grupos financieros estadounidenses a la economía de más rápido crecimiento del mundo ha constituido uno de los intentos más visibles del Secretario del Tesoro estadounidense, desatando con ello las críticas por su sumisión a la ambición de la industria estadounidense de llegar hasta 1.300 millones de consumidores chinos” (Financial Times, 24.4.2007). Los principales analistas financieros estadounidenses están de acuerdo con esta afirmación. Robert Nichols, del Financial Services Forum, ha subrayado esta afirmación: “El Secretario Paulson ha puesto los servicios financieros en el lugar preferente de nuestra agenda de relaciones económicas con China” (Ibid.) Como decimos más arriba, Paulson ha tenido éxito en varios aspectos de la liberalización: China ha suprimido algunos obstáculos a las nuevas compañías extranjeras que invierten en compañías de intermediación y ha elevado las cuotas de inversión de los inversores extranjeros en el mercado nacional chino, denominado en reminbi, de 10.000 a 30.000 millones de dólares.

Asimismo, ha facilitado las autorizaciones a empresas de seguros extranjeras, abriendo con ello para los grandes aseguradores occidentales un mercado de seguros personales multimillonario, y ha autorizado también a las compañías internacionales de valores a ampliar sus operaciones al comercio de propiedades y gestión de fondos (Financial Times, 24.4.2007). Además, ha abierto el sector multimillonario de las tarjetas de crédito a los bancos extranjeros, permitiendo que los bancos con participación extranjera emitan sus propias tarjetas de crédito y de pago denominadas en reminbi.

A medida que la liberalización financiera acerca Wall Street y la City a su piñata, la entrada masiva en los mercados financieros chinos y su control, el sector financiero chino se halla ante una serie de amenazas crecientes. Entre otras: la pérdida del control de sus políticas económicas por el crecimiento del control extranjero de las palancas financieras; el riesgo implícito a unas inversiones en ultramar basadas en la inexperiencia; la falta de información y la colusión entre las agencias de asesoría de inversión y las grandes corporaciones.

El riesgo de que China registre grandes pérdidas en sus inversiones en valores de alta calificación, bonos y acciones queda patente con la actual crisis financiera desatada por la venta de hipotecas de alto riesgo, subprime, y que ahora se extiende ya a los mercados de las hipotecas consideradas seguras, y a otros valores.

La obviedad clásica de que el poder político sigue a la penetración económica, se aplica también a China. A medida que el sector financiero de EE UU y la UE entren en asociación con los bancos chinos, utilizarán muy probablemente su influencia sobre sus contrapartes para cooptar, sobornar y presionar a funcionarios locales y estatales, a fin de que liberalicen aún más y amplíen el acceso extranjero a las acciones, los bonos, los valores, y el ahorro de China, y eventualmente la propiedad total de sectores financieros estratégicos.

En contraste con el grave riesgo de perder el control político y económico y de sufrir pérdidas en sus inversiones –como ha quedado demostrado con las pérdidas del CIC en Blackstone, de 400 millones de dólares—, China tiene sólidas oportunidades de inversión, de bajo riesgo, en su propia economía nacional, que potenciarían el crecimiento a largo plazo y gran escala.

Cada año, China sufre importantes pérdidas económicas debidas al desmantelamiento del sistema de salud pública. Una de las mayores desgracias de la transición al capitalismo ha sido la privatización de los servicios de salud y la pérdida de toda cobertura médica para los cientos de millones de campesinos e inmigrantes rurales más pobres (Financial Times, 30.8.2007). Una inversión de 50.000 millones de dólares en un programa gratuito de salud pública en el medio rural, dotado de médicos y asistentes técnicos profesionales, medicinas de bajo costo y tecnología médica básica incrementaría la productividad y el gasto de consumo (que actualmente se ahorra para emergencias médicas), reduciría los molestos superávits comerciales con el aumento de las importaciones, y mejoraría los niveles de vida (OCDE, China 2005, p. 12). Asimismo, conduciría a la reducción del infanticidio femenino, por cuanto la inseguridad del acceso a los servicios médicos después del retiro es una de las razones por las que las familias rurales prefieren tener sólo hijos varones.

El sistema escolar chino, en el ámbito primario y secundario, ha sido privatizado con la introducción del pago de matrículas por los gobiernos locales y estatal. El resultado es una tasa de abandono escolar creciente entre las decenas de millones de niños pobres. “En los últimos cinco años, el número de chinos que no saben leer ni escribir ha pasado de 30 millones a 116 millones, con lo que se ha destruido el avance de años.” (China Daily, 2.4.2007). El paso de una economía de baja calificación e intensiva en trabajo a una sociedad tecnológica más avanzada se verá obstaculizado por la falta de capacidades educativas básicas. Una inversión pública de en torno a 20.000 millones de dólares (de los fondos de inversión de 200.000 millones) tiene un riesgo bajo, es altamente productiva y genera empleo. La inversión en un sistema educativo gratuito y universal dará empleo a millones de maestros, directivos, empleados escolares y obreros empleados en la construcción y mantenimiento de las escuelas e instalaciones conexas, ampliará la demanda nacional de libros, ordenadores y material escolar.

Todos los principales grupos preocupados por el medio ambiente, los líderes políticos nacionales e internacionales y decenas de millones de trabajadores chinos y residentes han señalado los altos costos de la contaminación, tanto en términos de insalubridad como de pérdida de productividad y de tierra cultivable, agua potable y aire no contaminado. China podría invertir 100.000 millones de dólares en usos alternativos de la energía, edificios ... y la regulación y cierre de los contaminadores industriales y químicos. Según la Organización Mundial de la Salud, 705.000 personas mueren prematuramente cada año en China debido a la insalubridad del agua y el aire (World Book Report, marzo 2007, in Financial Times, 3.7.2007). Por cada muerte prematura, se puede considerar que hay varios centenares de miles de personas temporal o parcialmente incapacitadas por los agentes contaminantes. A la vez que los principales líderes han instado a los funcionarios locales a tomar medidas e impuesto criterios medioambientales en sus evaluaciones de rendimientos, la contaminación sigue creciendo. La estructura política descentralizada de China permite que los funcionarios locales transgredan las directrices nacionales y favorece que sigan promoviendo a los contaminadores locales. Solo mediante financiación y directrices nacionales administrados por comités medioambientales democráticamente elegidos, de los que formen parte consumidores independientes y especialistas en medio ambiente dotados de poderes policiales, se podrá quebrar la fuerza de la alianza entre los funcionarios estatales o locales y los contaminadores públicos o privados.

La dependencia de China de los mercados externos y de las inversiones offshore es resultado de la debilidad de su mercado interno, en gran parte producto de los bajos salarios y retribuciones, y la ínfima capacidad de consumo de trabajadores y campesinos. La debilidad del mercado interior en materia de bienes de consumo masivo es resultado de la gran concentración de riqueza e ingreso en el 10% superior de la población. China, junto a Nepal, ostenta las mayores desigualdades de todos los países asiáticos, mayores que Japón y 50% mayores que Taiwan o Corea del Sur (Financial Times, 9.8.2007). Los salarios mínimos, la limitación de horas de trabajo y una legislación de seguridad laboral incrementarán la capacidad y el tiempo disponible para la compra de cientos de millones de consumidores marginados de la economía nacional. China sería menos dependiente de las exportaciones, y se reduciría el malestar social y la posibilidad de levantamientos políticos. La inversión en mayores salarios reduciría los beneficios, el consumo conspicuo de las élites y la especulación bursátil. Asimismo, reduciría el superávit comercial y la búsqueda de inversiones exteriores de riesgo. China está en una encrucijada: la continuación de la liberalización conduce a inversiones en el exterior de alto nivel de riesgo, pérdida de control de los mercados nacionales, mayores desigualdades y contaminación, y mayor inquietud social y política.

Las reformas sociales y políticas destinadas a orientar las inversiones hacia el mercado nacional y reconstruir todo el sistema educativo y de salud son un elemento básico de la construcción de un socialismo con características chinas. La intervención, por medio de asambleas medioambientales elegidas localmente por la comunidad, a fin de liquidar a los contaminantes es necesaria para modernizar China y prepararla para una economía más avanzada.

El incremento de los ingresos y los impuestos corporativos de las nuevas élites extranjeras y nacionales es necesario para reducir las desigualdades y controlar las importaciones de lujo. Asimismo, reducir el poder de las clases dominantes del Estado y privadas evita el riesgo de arriesgadas tomas de control por empresas extranjeras de sectores económicos estratégicos por medio de las empresas mixtas.

El gigantesco salto económico de China a través de las inversiones públicas y privadas ha abierto un amplio y extenso debate sobre su futura dirección: se trata de elegir entre una liberalización acelerada y abrir las puertas al capital financiero extranjero, tal como propone el Secretario del Tesoro, Paulson, o bien llevar a cabo una profunda rectificación y reorientación hacia inversiones de bajo riesgo y gran escala en los mercados nacionales, tal como piden numerosos trabajadores chinos. ¿Seguirá China una vía reformista neoliberal, con características occidentales, o un modelo socialista, con características chinas?

*Durante la década de 60, y antes de licenciarse, James Petras (1937) fue militante de los derechos humanos y líder estudiantil en la Universidad de Berkeley, Estados Unidos. Se doctoró en Filosofía en la Universidad de California. Desde 1960 a 1973 enseñó y dirigió investigaciones en algunos países latinoamericanos, especialmente en Chile, donde colaboró con el gobierno de Salvador Allende. En las décadas del 70 y 80 participó activamente en el movimiento de derechos humano y escribió para renombrados periódicos de izquierda: Le Monde Diplomatique, New Left Review, Monthly Review. Entre 1982 y 1984 fue director del Instituto de Estudios Mediterráneos de Atenas. Petras también enseñó en la Universidad de Pennsylvania y fue director del Proyecto de Estudio del Desarrollo Latinoamericano en el Instituto de Administración Pública de la misma universidad. Actualmente es profesor en la Universidad del Estado de Nueva York en Binghamton.

Fuente: [color=336600]Rebelión – 27.09.2007 / Traducido del inglés por S. Seguí [/color]

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