Burguesía nacional, ¿mito o realidad?

Antonio Muñiz


Luego de la crisis del modelo neoliberal en 2001, Néstor Kirchner, el presidente electo que debió enfrentar la implosión de la economía argentina, expresó desde un principio su intención de “rescatar a la economía argentina de las ruinas del neoliberalismo”. Declaró además, que “es imposible construir un proyecto nacional si no consolidamos la “burguesía nacional”.

De hecho, en varios de sus discursos posteriores enfatizó la necesidad de tener un “capitalismo nacional”. También en Brasil, el ascenso al poder de Luis Ignacio Lula Da Silva y el “Partido de los Trabajadores” reavivó el hablar de un pacto social entre el trabajo y el capital y la posibilidad de forjar un espacio para el desarrollo de Brasil por medio de una alianza con los “industriales nacionales”.

Ambos procesos resultaron exitosos en cuanto a logros de inclusión social, disminución de la pobreza, desarrollo de algunos sectores industriales, autonomía con integración regional, etc, también mostraron las limitaciones de estas burguesías nacionales, que terminaron en Argentina favoreciendo y apoyando el modelo neo liberal saqueador de Macri y en Brasil apoyaron primero el golpe palaciego contra Dilma Rouseff y luego la proscripción y cárcel de Lula, permitiendo el escandalosos gobierno de Bolsonaro.

Un poquito de historia:

Este modelo de alianza entre el sector obrero y la burguesía nacional más el Estado fue la alianza social que sustentó, si bien con contradicciones y conflictos, casi todo el proceso de industrialización por sustitución de importaciones, desde la crisis del 29 hasta la crisis del petróleo a mediados de los 70.

En Argentina, si bien el proceso de industrialización también comienza en los años 30, con la depresión y el comienzos de la segunda guerra mundial, es luego de la asunción del gobierno de Juan domingo Perón, que el proceso se acelera, basado en una fuerte participación del Estado con políticas muy activa, con planes nacionales de desarrollo y una alianza social entre el trabajo y la producción, en el marco de un “proyecto nacional”. Durante los primeros gobiernos peronistas (1946-1955), los cambios económicos, políticos y sociales provocan profundas transformaciones en el desarrollo del movimiento de la sociedad argentina, plasmándose una nueva conformación de fuerzas sociales enfrentadas. A su vez ya superada la guerra emerge un mundo bi polar en el marco de una “guerra fría” entre las dos potencias “ganadoras” del conflicto mundial. Este nuevo orden político y económico marcó la necesidad de un cambio en las políticas económicas del peronismo hacia el desarrollo de las industrias pesadas y energía. Además el modelo requería un aumento en la productividad de toda la economía. En ese marco se realiza el Congreso de laProductividad y el Bienestar Social, convocado conjuntamente por la Confederación General del Trabajo(CGT) y la Confederación General Económica (CGE), con apoyo institucional del Estado justicialista, en marzo de 1955, se propuso discutir la forma de llevar adelante un proceso de racionalización de la producción para incrementar los niveles de productividad, de acuerdo con las metas planteadas ya en el Segundo Plan Quinquenal El Congreso fracasó, ya el golpe militar estaba en marcha y la burguesía se estaba alineando con las fuerzas golpistas, junto a la Iglesia, un sector de las fuerzas armadas, las oligarquías agro ganaderas y las empresas de capital extranjero. Sin embargo es interesante el análisis de las posiciones en conflicto, mientras el sector obrero se mantuvo muy fuerte en defensa de las conquistas logradas en ese periodo, para la representación empresaria nucleada en la CGE las ‘excesivas’ conquistas obreras eran en definitiva un freno a la organización de los planes de producción”. Para Alejandro Horowicz, a partir del año 1952 se va a producir una ofensiva del capital norteamericano basado en la difícil situación financiera nacional producto de la caída de los precios internacionales de las materias primas exportadas por nuestro país y de las nuevas relaciones de fuerza a partir de la consolidación de EE.UU. como potencia hegemónica. Según el autor, la “estructura productiva nacional constituía un obstáculo para el avance del capital norteamericano” Al mismo tiempo, y ante la imposibilidad de seguir importando bienes de capital debido a la falta de divisas, los industriales comenzarán a presionar para “aumentar la productividad del trabajo como único camino para incrementar ingresos”. Así, el comienzo del fin de la etapa nacional y popular y el fin de la alianza de entre el sector obrero y los empresarios nacionales. Estos en el nuevo bloque hegemónico pasaron a realizar una “ofensiva política, ideológica y económica para instalar socialmente la convicción de que el problema radicaba en la excesiva intervención y gasto estatal y en el elevado nivel de los salarios y las elevadas condiciones de trabajo que limitan la productividad” Este pensamiento simplista y falaz, se mantendrá constante hasta nuestros días. La pregunta es ¿Porque la “burguesía nacional” nacida al calor de las políticas del estado y que había prosperado notablemente tira por la borda toda la experiencia y termina asociándose y subordinándose a la oligarquía campera, al capital norteamericano, a la banca y los sectores rentísticos.? Este renunciamiento de la burguesía nacional muestra su incapacidad para liderar un proceso de desarrollo autónomo, incapacidad que se volverá a mostrar en las décadas siguientes. (1) A lo largo de las siguientes décadas la burguesía industrial busco su camino lejos de los sectores obreros, abandonando el proceso de desarrollo nacional y popular y apostando a un desarrollismo de carácter liberal. Este modelo fue complicado, con idas y vueltas, pero de crecimiento del sector durante toda la década del 60, llegando a principio de los 70, En 1966, con el gobierno militar de Ongania, el primer Ministro de Economía, fue un empresario nacional, Jorge Salimein, Ceo del grupo Sasetru y presidente de la CGE Salimei expresaba una estrategia diferente a la de la UIA, y afín a la política reformista impulsada por las fracciones de la burguesía representadas por la Confederación General Económica. La resolución de la crisis económica, cuya principal expresión era la caída de la tasa de ganancia industrial, requería para la UIA medidas diferentes que anudaban una serie de alianzas distintas a las tejidas por Salimei. Para la UIA la salida para superar la crisis de acumulación demandaba la caída de los salarios reales y la reestructuración de los gastos estatales, el aumento de la productividad y la eficiencia, el disciplinamiento de los sectores obreros y la restructuración de la legislación laboral y previsional en virtud de disminuir el costo de la mano de obra. A su vez, se demandaba el apuntalamiento estatal para generar la competitividad industrial que permitiera apuntar hacia la conquista de los mercados internacionales.

La gestión Salimei estaba muy lejos de coincidir con los objetivos de la UIA, así duro apenas 6 meses y fue reemplazado por KrieguerVasena, con posiciones más liberales y cercanas a la UIA. El proceso militar termina en medio de fuerte movilizaciones populares, motorizados por los sectores obreros organizados contra las políticas económicas y la fuerte políticas represivas.

El desarrollo logrado permitió grandes logros durante el período 1930/76, entre los primeros se puede mencionar una elevada tasa de crecimiento económico: entre 1964 y 1974 el crecimiento anual promedio fue del PBI fue del 5 %, mientras que la tasa promedio del PBI industrial fue del 7 %. Otro dato significativo es que mientras el porcentaje en 1960 de exportaciones de productos manufacturados fue del 3 %, en 1974 fue de un 24 % sobre el total de exportaciones. Sin embargo en toda la década se ve que la burguesía fracturada y subordinada a los capitales extranjeros, con una economía cada vez más extranjerizada y más concentrada. La experiencia del gobierno peronista de 1973/76 reedita el modelo de Pacto social entre la CGe , liderara por José Ver Gelbard, tal vez el más lúcido exponente de esa burguesía nacional, con un claro proyecto político y económico, de desarrollo industrial, la CGT liderada por José Rucci y el fuerte apoyo del Presidente Perón, que hizo de ese Pacto Social y el Plan Trienal, ejes centrales de su gobierno. Fue un periodo complejo, donde primaba la lógica de la violencia sobre la política, el asesinato de JoséRucci, dio un golpe muy fuerte al proyecto, la muerte de Perón en 1974, le quitó poder político a Gelbard y al Pacto social, que finalmente renuncia 4 meses después. El sector empresario no acompañó el proyecto, más bien hubo un saboteo constante, con aumentos de precios, desabastecimientos, agio y especulación. El último discurso de Perón el 12 de junio hace referencia y denuncia estas acciones de sabotaje. (2)

El posterior golpe militar de 1976 marco el fin del proceso de industrialización por sustitución de importaciones, no porquéestuviera agotado sino por la decisión de la burguesía argentina de acoplarse al mundo a través de un modelo de acumulación basada en lo rentístico financiero. Este escenario de predominio de la especulación sobre la producción potenció la concentración del capital, el endeudamiento externo, el desmantelamiento del tejido industrial, desocupación, indigencia y un alto nivel de exclusión social.

Es decir pasar de un modelo industrialista basado en la producción y el trabajo a un modelo de acumulación basado en la especulación financiera.

Para esto debió apoyar el golpe militar de 1976, con la represión brutal incluida, para poder imponer el programa económico de Martínez de Hoz, que les garantizaba su inserción en los negocios de la intermediación financiera, pero renunciaba a un desarrollo industrial autónomo. Estas políticas neo liberales generaron una fuerte concentración económica, sobre todo en los grandes grupos locales y las empresas trasnacionalizadas, que pudieron insertarse en el nuevo orden, aquellas industrias que producían para el mercado interno o en escalas muy baja no pudieron competir, así ramas enteras de producción nacional pymes desaparecieron o quedaron en una mínima expresión. En el periodo 76/83 dejo una argentina fracturada, con un tejido social y económico hecho añicos, endeudada y condicionada por las siguientes décadas. “De nuestra famosa “burguesía nacional” podríamos decir que maduró tarde y se pudrió bien temprano. Incapaces de conducir el proceso de sustitución de importaciones que tuvo lugar durante la segunda mitad del siglo XX “, aceptaron y apoyaron las políticas neoliberales de desindustrialización de Martínez de Hoz y más tarde durante el gobierno menemista subordinándose a las firmas trasnacionales. (3)

Hubo grupos económicos que pudieron acoplarse al nuevo orden, aprovechando su internacionalización, pero también los vínculos con el estado, a través de prebendas pero también vía corrupción. Durante los 80 un tercio de las empresas eran de capitales argentinos. Sin embargo ya sus intereses y forma de acumulación no tenían que ver con los intereses nacionales. Por el contrario comienza un proceso perverso de acumulación interna a partir de negocios asegurados y de alta rentabilidad, para luego dolarizar sus ganancias y fugarla hacia paraísos fiscales.

También durante el menemismo se asocian con grupos extranjeros en las privatizaciones y el desguace del estado, a fin de integrarse verticalmente y consolidar su posición de oligopolio en algunos mercados .Hacia el final del periodo 89/2001, en el panel de las 200 empresas líderes en la estructura productiva del país, solo 47 eran nacionales.

Por un lado puede contactarse el afianzamiento estructural de un puñado de grupos especializados en procesar, comercializar y exportar materias primas, por el otro se continuó con la extranjerización de gran parte de estructura productiva así como una mayor concentración de las cadenas productivas y de comercialización.

La década kirchnerista

Como decíamos al comienzo los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner intentaron recrear una burguesía nacional que acompañara el proceso de reindustrialización que llevaron adelante durante los doce años de gestión.

Haciendo un balance del periodo puede decirse que más allá de errores y contradicciones el proceso fue exitoso en cuanto al crecimiento de la economía, y del sector industrial en particular, aumento de los puestos de trabajo, mejora de salarios, reducción de la pobreza, inclusión de sectores marginados.

Basada en el objetivo de defender el mercado interno, aumentar la demanda a partir de paritarias libres, fuertes inversiones del estado, salario mínimo y jubilaciones, aumento de las exportaciones, el periodo 2003/08 fue un quinquenio donde se crecía a “tasas chinas”, estancándose ese crecimiento hacia el 2008/9 dada la crisis global originada por la debacle de la “LehmanBrothers”. Sin embargo el crecimiento de la economía argentina en todo el periodo 2003/15 marco un crecimiento que nos da un tercer lugar en el mundo después de China e India. Es de destacar que se crearon miles de empresas. De 1996 a 2002 cerraron más de 9 mil empresas. Pero desde 2003 a 2014 se crearon 14.621, de las cuales más de 6 mil eran pymes. Se pasó de 80 parques industriales en 2003 a 330 en 2014, teniendo como objetivo llegar a 660 en 2020.

En este periodo de gobierno el Estado nacional retomó el control de algunas empresas privatizadas durante el menemismo, entre las cuales sobresalen por su importancia los casos de YPF, Aerolíneas Argentinas, Aysa (ex Aguas Argentinas), Correo Argentino y las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones. Este proceso, que comenzó con una serie nacionalizaciones aisladas en el gobierno de Kirchner y se intensificó desde 2008, llevó a que creciera la importancia de las firmas públicas y las asociaciones con presencia estatal en el conjunto de las empresas más importantes del país. Ahora bien, las estatizaciones no formaron parte de un plan diseñado para incrementar estratégicamente la presencia del sector público en la economía, como sí aconteció en otros países de la región, sino que más bien fueron respuestas tácticas en determinadas coyunturas críticas.

Como paradoja, o no tanto conociendo la historia, los grandes grupos económicos ganadores de este proceso histórico más el sector pyme en general acompañaron el cambio de gobierno, dándole su apoyo a un sector político que representan los intereses de los grandes grupos concentrados, el sector agro exportador y la banca.

“En el agrupamiento de los “ganadores” de la posconvertibilidad se encuentran algunos holdings que mantuvieron prácticamente estable su posición, tres grupos claves del poder económico de la Argentina: Techint, Clarín y Madanes. Fueron doce los grupos empresarios que aumentaron su ponderación dentro la cúpula, la mitad de los cuales posee base agroindustrial (Urquía, Vicentín, Navilli, Mastellone, Ledesma y Arcor). Esta inserción sectorial marca un claro punto de continuidad con las transformaciones del capital concentrado durante la década del noventa.” Entre los que permanecieron en la cúspide pero perdieron importancia relativa durante estos años figuran Pérez Companc, Eurnekián, Sancor, Temis Lostaló y Roemmers. Este proceso también estuvo vinculado con la extranjerización de muchas, aunque las operaciones no implicaron la enajenación total del grupo sino solo una reducción de su tamaño.” Un perfil diferente poseen los diez holdings que se colaron entre los más pudientes a partir de los 90, donde sobresalen los vinculados a la construcción y a los servicios públicos. Los conglomerados ODS (Calcaterra), Caputo, José Cartellone e IRSA coparon el rubro de la construcción (privada y pública).

Por su parte, Pampa Holding, Electroingeniería e Indalo (Cristóbal López) lograron expandirse gracias a la política de “argentinización” del sector energético que propició el Gobierno nacional. El cambio de rumbo impuesto por el nuevo gobierno del presidente Macri tiró por la borda los aspectos positivos de las políticas kirchneristas, al tiempo que profundiza los límites estructurales que restringen las posibilidades de la economía argentina.

Cuenta una historia que al final de su mandato Cristina Fernández preguntó a un poderoso empresario ¿Porque si con el peronismo ganaban mucha plata, como lo demostraba el crecimiento de su empresa, eran tan anti peronistas? El empresario balbuceo unas palabras pero no respondió la pregunta.

Una vez más ¿porque empresarios con empresas industriales exitosas acompañaron alegremente a sus verdugos, apoyando políticas de des industrialización y primarización de la economía? ¿Porque la burguesía sigue teniendo un discurso y un diagnóstico de la realidad que no condice con sus propios intereses: liberación de los mercados financieros, liberar importaciones, reducir salarios, ajuste del gasto estatal, políticas monetaristas para controlar la inflación, etc. todas medidas que reducen el mercado interno y deprimen la actividad económica, en especial la industrial?

Bibliografía:

• De la sustitución de importaciones a la sustitución de exportaciones. Max Flores

• http://causapopularynacional.blogspot.com/2019/06/el-pacto-social.html

• ¿REVIVIR EL ESTADO DESARROLLISTA? EL MITO DELA “BURGUESÍA NACIONAL” VivekChibber

• Burguesía nacional y Estado: la acción política de la Unión Industrial Argentina durante la Revolución Argentina (1966-1969)

 

Motor Económico - 25 de julio de 2019