El politólogo Adam Jones amplió el concepto de “generocidio” de Mary Anne Warren para entender de qué modo la eliminación planificada de un grupo o sociedad afecta de modo diferenciado a varones y mujeres. Invitado por la Universidad de Tres de Febrero, el canadiense explica según su polémica óptica por qué en una sociedad de “machos” como la de América latina los hombres son el principal blanco de los genocidios.
El 25 de noviembre de cada año se celebran los “16 días de activismo contra la violencia de género”. A partir de 1999 la Organización de Naciones Unidas declaró esa fecha como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Sin embargo, a pesar de que se haya avanzado mucho en diversos aspectos, todavía es necesario profundizar el debate acerca del “femicidio”, entendido como la violencia ejercida contra la mujer.
A la vez que se han conseguido muchos derechos a través de las luchas de las mujeres, la violencia de género no ha disminuido. La gran mayoría de la gente apoyaría la afirmación de que las mujeres han conseguido más igualdad. Sin embargo, en cualquier debate feminista también se reconoce que mientras se han conseguido muchos derechos civiles a través de las luchas de los movimientos sociales, la violencia de género no ha disminuido.
¿Puede el feminismo haber aumentado la violencia contra las mujeres? Dentro del ambiente político feminista, se debatían dos posibles respuestas: una respuesta decía que no, que lo que pasaba era que ahora, impulsadas por el feminismo, las mujeres denunciaban más los maltratos que siempre habían estado ahí; la otra respuesta decía que sí, que el triunfo del feminismo había exacerbado la agresividad de los hombres.
Desde 1980 la presencia de la mujer en el mercado de trabajo japonés ha experimentado un incremento sustancial a nivel cualitativo y cuantitativo. Sin embargo, esta mayor participación no se ha correspondido con una mejora de sus condiciones de trabajo. Aunque esta circunstancia no es exclusiva del sistema de empleo japonés, las diferencias con procesos similares en Europa y América hacen del japonés un caso representativo de la dificultad de desarrollar políticas de igualdad de oportunidades y trato entre géneros en el empleo, no tanto por la crisis económica padecida a lo largo de la década de 1990, sino a causa de un entorno organizacional donde la cultura patriarcal determina tanto las condiciones como las relaciones laborales. A este respecto, la igualdad jurídica entre trabajadoras y trabajadores es socavada por prácticas discriminatorias que desencadenan un continuo conflicto cultural durante el ciclo laboral de la mujer japonesa.