Actualmente las explicaciones más comunes de la crisis griega son de dos tipos. Por un lado, la que sostiene que la crisis se debió al mal manejo y el despilfarro del gobierno griego. Por otra parte, la que echa la culpa de la crisis a los especuladores y/o los bancos. La primera es defendida principalmente por los sectores más afines a la ortodoxia neoclásica. La segunda, más extendida, la plantean los gobiernos europeos; la Comisión Europea de Finanzas y otros organismos; y buena parte del progresismo y la izquierda.
El ingreso de Grecia al selecto club de la Unión Europea, perdiendo la soberanía monetaria a cambio de utilizar para sus transacciones una moneda sobrevaluada como es el euro y eliminada cualquier posibilidad devaluatoria, implicó desde el inicio una severa pérdida de competitividad para una economía con una muy limitada canasta de exportaciones, extremadamente dependiente del turismo que, por ende, se tornaba más caro y cuya principal ventaja consistía en los bajos salarios.
No es vaticinio, pero sí la constatación de la continuidad de un ciclo: si la crisis griega no es manejada con cuidado por sus responsables (gobiernos, empresarios y especuladores) –y escapa a sus expectativas− se podría convertir en una crisis global del régimen capitalista en el mundo; en breve, partiendo de su bifurcación hacia los otros miembros de los llamados pigs : acrónimo despectivo de origen anglosajón con el que se conoce al grupo de países del sur de Europa constituido por Portugal, Italia y España, además de Grecia.
La crisis que están viviendo algunos países mediterráneos –Grecia, Portugal y España– e Irlanda se está atribuyendo a su excesivo gasto público, que se supone ha creado un elevado déficit y una exuberante deuda pública, escollos que dificultan seriamente su recuperación económica. De ahí las recetas que el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo (BCE) y el Consejo Europeo han estado imponiendo a aquellos países: hay que apretarse el cinturón y reducir el déficit y la deuda pública de una manera radical.