A finales de 1904, Karl Kautsky escribió una serie de artículos bajo el título general de La república y la socialdemocracia en Francia. Las reflexiones de Kautsky sobre la posición marxista ante la república surgieron de un debate entre los socialistas europeos sobre la conveniencia o no de que los socialistas participaran en un gobierno burgués, como en el caso de Alexandre Millerand en Francia. Los marxistas ortodoxos como Kautsky se opusieron a la presencia de Millerand en el gabinete francés. Su crítica de la Tercera República “burguesa” en Francia fue tan vehemente que algunos socialdemócratas alemanes llegaron a la conclusión que los marxistas tenían prejuicios contra la república como forma de organización política. Tal vez los marxistas eran políticamente indiferente; tal vez incluso preferían una monarquía, como la alemana.
Luiz Inácio Lula da Silva es un ser práctico, intuitivo, que busca la resolución concreta de los problemas. Fue en buena medida por eso que se desarrolló en Brasil un complejo proceso de articulación política que tornó posible la prioridad de lo social y la promoción de políticas igualitarias, la soberanía externa y la recuperación del papel activo del Estado en la construcción de los derechos ciudadanos.
La derecha francesa ya no lee los diarios en papel. Cortó los abonos anuales y sólo los lee por Internet. La doble derrota presidencial y legislativa le dejó las cajas vacías y, como herencia del ex presidente Nicolas Sarkozy, una deuda considerable. La UMP (Unión por una Mayoría Popular) sufre de tres males: no tiene líder definido y salió herida de la guerra sin cuartel entre dos facciones (la del ex primer ministro François Fillon y la del actual presidente provisorio de la UMP, François Copé), se quedó sin plata y, encima, está al filo de la navaja por la posibilidad de que el Consejo Constitucional no valide las cuentas correspondientes a la campaña presidencial del año pasado, que concluyó con la victoria del socialista François Hollande. “Sentencia de muerte para el partido”, “fin de la derecha de gobierno”... las frases lúgubres se suceden ante la posibilidad de que la crisis financiera por la que atraviesa la UMP se agrave aún más.
Los plurales que figuran en el título nos recuerdan que hay más de un socialismo y más de una filosofía. En efecto, los idearios y movimientos llamados ‘socialistas’ van del socialismo libertario al dictatorial. Con la filosofías ocurre otro tanto: las hay claras y serias como la aristotélica, claras y vacías como la de Wittgenstein, confusas pero con un grano de verdad, como el materialismo dialéctico, y herméticas y ridículas como el existencialismo.
El título de esta nota plantea un segundo interrogante: ¿qué relación puede haber entre un movimiento político, con su ideología concomitante, y una doctrina que trata de ideas más bien abstractas, como las de ser y devenir, argumento válido y falacia, conocimiento y error, bien y mal? El liberal clásico y el socialista libertario negarán que haya tal relación, mientras que el socialista autoritario exigirá la subordinación de la filosofía a su ideología.
La renta básica (RB), una asignación monetaria incondicional a toda la población, es una propuesta que viene discutiéndose desde hace unas pocas décadas en ámbitos académicos, en distintos parlamentos y en algunos movimientos sociales, notablemente en el 15-M. Empezó a defenderse, aunque en círculos muy minoritarios, a mediados de la década de los 80 del siglo pasado.