Las crisis macroeconómicas estadounidenses han proyectado resultantes no siempre adversos para la acumulación física y financiera en Estados Unidos debido a su capacidad de operar como emisor casi único del papel empleado como reserva primaria de valor en los comercios y ahorros en el mundo. Pero, como contracara, las cinco crisis posteriores a 1971 produjeron retracciones en la actividad económica y pérdidas de activos en las restantes naciones que inducen la pregunta acerca de la posibilidad de permanencia del actual rol dominante del dólar estadounidense en las relaciones económicas entre las naciones.
El legado de Horacio Giberti y su contribución al desarrollo agrario argentino constituyen hechos trascendentes. A través de sus escritos, de su profunda participación en la función pública, como profesor universitario, en notas periodísticas y por la dedicación a infinidad de personas que se acercaban a consultarlo hasta sus últimos días, deja una obra que será reconocida por mucho tiempo.
Buena parte de los macroeconomistas, adscriptos a las más diversas corrientes teóricas, coinciden en que existen significativas diferencias que separan al “sistema económico” originalmente propuesto por J. M. Keynes en su Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero (1936) del modelo “ISLM”, cuyo temprano origen se ubica en el tan breve como célebre artículo publicado por J. R. Hicks al año siguiente, “Keynes y los «Clásicos»: una posible interpretación” (1937). La primera y más notoria de estas diferencias remite sin dudas al desigual grado de influencia que logró cada uno de ellos. No es que la Teoría general haya pasado desapercibida ni mucho menos, pero lo cierto es que mientras las casi 400 páginas escritas por Keynes fueron por lo general consideradas un material intrincado y de difícil acceso, el “pequeño artefacto” -así bautizó a su versión de ISLM- que Hicks expuso de manera compacta, empleando las escasas 12 páginas de su artículo, pronto se convirtió, por lo contrario, en el genuino motor de la llamada revolución keynesiana y el núcleo central de la “síntesis neoclásica”. Aún hoy, -y pese a los mencionados reclamos acerca de su falta de fidelidad- las ideas originales de Keynes se confunden en más de una oportunidad con aquel ingenioso, elegante y sencillo modelo. Pero, claro está, las diferencias entre el sistema de Keynes y el modelo de Hicks no se agotan en el terreno de la repercusión obtenida sino que la distancia que aquí interesa señalar se ubica en el plano conceptual.
La crisis hegemónica que vivió el capitalismo argentino durante la primera mitad de los ’70 se cerró con el golpe de Estado encabezado por el general Videla en 1976. El programa que pusieron en práctica los militares en el poder, que implicaba el disciplinamiento de las masas mediante una brutal represión, como paso previo a la implementación de un plan económico que restaurara las condiciones de acumulación del capital, fue delineado previamente por dirigentes de la burguesía. En medio de la crisis del gobierno peronista, las fracciones más concentradas del capital construyeron los instrumentos que le permitirían restaurar la plena hegemonía: un partido y un programa. El núcleo de ese partido, el Partido del Orden, y su programa, los encontramos en la Asamblea de Entidades Gremiales Empresarias (APEGE), a fines de 1975.