El objetivo del estudio es analizar el origen y la calidad del agua domiciliaria utilizada para el consumo, en una muestra de hogares del área de la cuenca Matanza-Riachuelo del Gran Buenos Aires, Argentina.
Durante la última dictadura, la Argentina tuvo un sistema inverosímil por el cual las empresas podían elegir entre depurar sus efluentes o arrojar el veneno directamente a los ríos, previo pago de una módica cantidad. La opinión popular rechaza de un modo prácticamente unánime esta concepción. En realidad, los únicos que están de acuerdo son aquellos que piensan que todo lo que nos ocurre en la vida puede ser expresado en cantidades de dinero.
Esther Vivas es periodista, socióloga, investigadora en políticas agrícolas y vegetariana. Pero, sobre todo, es activista. Ligada a los movimientos sociales desde finales de los 90, su voz se ha escuchado en las principales protestas ciudadanas, desde la oposición a la guerra de Irak hasta el movimiento 15-M. Incluso se presentó a las pasadas elecciones generales como cabeza de lista de la formación Izquierda Anticapitalista.
Buena parte de la escasez en el mundo se debe a su sobreutilización. A pesar de ser uno de los países con mejor provisión de agua potable, en la Argentina, un 15% de la sociedad no accede a ella.
En la actualidad, los expertos coinciden en que el origen de la escasez de agua en el mundo no atiende a razones físicas, sino socioeconómicas. "La clave es poder determinar formas de producción que sean más eficientes en el uso del agua. Para una buena gestión se requiere de una mayor eficiencia. La riqueza del agua está en su administración", reflexiona Daniel Tomasini, coordinador de Ambiente y Desarrollo Sostenible del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en Argentina (PNUD). En América latina, puntualmente en la Argentina, esta mala utilización no parece tangible por las importantes reservas de agua dulce que posee el territorio.