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Economía y Estado
La economía, según Ferrer
Entrevista a Aldo Ferrer por Rubén Pereyra
Publicado el 15/1/2014 15:40:00 (492 Lecturas)


Hablar con Aldo Ferrer es hacerlo con la heterodoxia económica en persona. Desde que egresó de la Facultad de Económicas, allá por la década del ’50, que viene luchando –muchas veces en soledad– contra las posturas económicas liberales y neoliberales. Es el faro y la inspiración de la mayoría de los economistas heterodoxos. No concibe a la Argentina sin el desarrollo de una estructura productiva fuerte, con la industria en el centro de la escena. En charla con Veintitrés, habla de la coyuntura económica y le saca dramatismo a la situación, al tiempo que descree que, de imponerse en 2015, la oposición vaya a desandar lo conseguido durante el kirchnerismo.



–¿Qué opina de la actual situación económica?

–Creo que se ha agotado una fase de recuperación, que se inició después de la crisis del 2002, cuando el cambio de la política económica permitió un aumento muy fuerte del producto bruto interno, del empleo y una cierta mejora de las condiciones sociales. Esto fue posible porque con la reestructuración se resolvió el tema de la deuda externa y le dio más libertad de maniobra al Estado para fijar la política económica. La situación internacional también contribuyó con un buen nivel de demanda de los productos primarios argentinos y un buen nivel de producción agraria. También hubo una cierta mejora en la distribución del ingreso, pero no se modificó la estructura productiva, que sigue siendo subindustrial. Esto se expresa en el déficit que tenemos en el comercio de manufacturas de origen industrial, en autopartes y en todo el sector electrónico, en bienes de capital, maquinaria y equipos, y en ciertas ramas del sector químico, es decir, allí donde está el núcleo de la industria moderna. Tenemos una estructura industrial que se fue formando con la política de sustitución de importaciones. Esta característica de la estructura productiva argentina fue caracterizada por Marcelo Diamant como “la estructura productiva desequilibrada”. Esto es lo que configura este escenario de escasez de divisas, que induce a un aumento de precios, promueve la fuga de capitales y maniobras en el manejo de los precios y los márgenes de ganancia.

–¿Considera que el kirchnerismo no pudo o no quiso hacer esta reforma en la estructura productiva argentina?

–Yo diría que no es sólo un problema de este gobierno, es un problema histórico, que se mantuvo hasta 1976 cuando se produjo el golpe de Estado y cambió radicalmente la política económica. Hubo gobiernos anteriores (incluido el primer peronismo) que no lograron desarrollar este despliegue de factores, que sí tienen otros países como China y Corea, que estaban muy atrás después del fin de la Segunda Guerra Mundial, y que lograron despegar a partir de estas estrategias. Nosotros teníamos una industria automotriz muy desarrollada mucho antes que los chinos y los coreanos, Sin embargo, ellos hoy compiten en el mercado mundial y nosotros tenemos un sistema de filiales, con dependencia de autopartes de alta tecnología que vienen de afuera.

–Pero en tanto China y Corea encontraron una burguesía nacional fuerte, eso en la Argentina no ha aparecido, a pesar de los esfuerzos que el Gobierno ha hecho.

–Es que la burguesía nacional se construye a partir de las políticas públicas, acá es muy difícil ser un empresario industrial, con el cambio de políticas que ha habido a lo largo del tiempo. El empresario es un maximizador de ganancias, es decir, el fin de un empresario en una economía de mercado es ganar dinero. En Corea o en China, existen políticas en las cuales la forma de ganar dinero es produciendo, trayendo tecnología, generando empleo, exportando. Bueno, eso es lo que llamamos la burguesía nacional; pero si usted pone a esos empresarios en otro escenario, donde la forma de ganar dinero es especulando o teniendo privilegios del manejo administrativo, van a hacer exactamente eso. Usted trae a los empresarios coreanos acá y a los seis meses van a hacer lo mismo que el empresario argentino. Las condiciones políticas e institucionales del país impidieron la formación de una burguesía nacional.

–¿Cómo se refleja esto en el sector agrario?

–El caso del campo es distinto, porque opera sobre una ventaja competitiva que son los recursos naturales. Entonces tiene más capacidad de resistencia a las malas épocas, porque el activo fundamental, que es la tierra, sobrevive en las malas. En el campo, con los recursos naturales y el avance tecnológico, se ha formado un empresariado muy dinámico.

–¿Cuáles son los problemas de la coyuntura, entonces?

–Esto que llamamos la restricción externa y la falta de divisas representan un conjunto de problemas. Cada vez que la cosa se pone tensa aumenta la inflación, se incrementa la fuga de capitales, se desalienta la inversión, aparecen condiciones de incertidumbre. De todas formas, es un cuadro muy diferente a otros del pasado, porque en otros tiempos, cuando el sistema se desviaba terminaba en una crisis catastrófica. Esto no es lo que está pasando ahora. Se vive en una situación que está razonablemente bajo control.

–Pero no tenemos dos grandes herramientas, como el superávit fiscal y el superávit en la balanza de pagos. ¿Cómo enfrentar, entonces, los problemas del corto plazo?

–No hay una sola respuesta, sino un conjunto de instrumentos. Hay algunas medidas de las que el Gobierno ha tomado nota, como fortalecer la situación fiscal. El presupuesto 2014 prevé un superávit primario; además, el Banco Central ha cambiado la política de administración del tipo de cambio, es decir, se ha vuelto a poner el énfasis en las exportaciones. Hay una tentativa de conseguir recursos externos, es decir, toda una estrategia de alivio de corto plazo, como solucionar la insuficiencia de divisas a partir de la cuenta de capitales. Esto plantea un problema: podemos volver a la vieja historia con la deuda, de que el día de mañana terminemos muy mal, o que tomemos créditos de proveedores para hacer inversiones. Entonces, claro, nos dan el crédito pero también nos dan los equipos, como está pasando con el sector ferroviario, donde vienen los créditos pero vienen también los vagones chinos.

–¿Cómo ve la posibilidad de volver a tomar crédito en el mercado internacional?

–Argentina tiene una dificultad, y es que a pesar de que ha demostrado que está parado en sus recursos propios, que ha pagado la deuda desde que se reestructuró y está al día con sus cuentas, la forma en que se planteó la salida de la crisis fue muy antipática para los mercados financieros, porque hizo un planteo propio, no recurrió al Fondo Monetario Internacional, hizo su propia propuesta que fue aceptada por más del 90% de los tenedores de bonos argentinos. Quedan sólo los llamados fondos buitre, que es un pequeño grupo de especuladores. Eso generó una gran antipatía en el pensamiento neoliberal, y entonces estas agencias evaluadoras de riesgo le confieren a la Argentina un riesgo país que no se compadece con la situación del país. Eso determina una tasa carísima de acceso al mercado internacional. La otra es caer en el mercado de proveedores, con las consecuencias que acabo de mencionar.

–Si Argentina se libera de los conflictos con el Ciadi, por ejemplo, existe la posibilidad de acceder a créditos a una tasa menor…

–Desde luego que si se puede acceder al mercado internacional a tasas razonables sería interesante. Pero, otra vez, ¿para hacer qué? No se puede hacer lo que se hizo en tiempos de la dictadura, que se abrió el mercado financiero, entró plata a raudales, como después de la convertibilidad, pero aumentando la deuda externa, con tipo de cambio sobrevaluado por la entrada de fondos que destruyeron las capacidades competitivas y terminamos con la crisis de la deuda. Si nosotros tratamos de salir de esto reiniciando el ciclo de endeudamiento vamos a terminar en el mismo lugar.

–¿Cree que puede ser efectivo el acuerdo de precios que se implementó en estos días?

–Creo que está bien todo lo que se haga para conocer las cadenas de valor, que los actores del mercado se comporten de una manera consistente, con una mejor evolución de los precios. El problema es si con eso alcanza. Porque creo que hay tensiones inflacionarias de base, porque la escasez de divisas genera todo un cuadro de expectativas negativas. El otro aspecto fundamental es la política fiscal, es decir, tratar de lograr un equilibrio fiscal, mejorar la calidad del gasto público, reducir gastos que no son necesarios y poder dedicarlos a cuestiones más prioritarias. El manejo de la inflación no se resuelve de la noche a la mañana. Es más bien un problema inercial, sostenido básicamente por la escasez de divisas, que no tiene una corrección inmediata por ningún instrumento de la política económica, a menos que se decida generar un desempleo brutal, como se sostiene la estabilidad de precios en los países endeudados de Europa. Pero si, como hace el Gobierno, uno trata de evitar la estrategia ortodoxa, hay problemas que resolver, donde la cuestión básica está en administrar la escasez de divisas. Hay medidas adicionales que podrían tomarse para sincerar algunos precios, como se hizo con el turismo. Creo, por ejemplo, que si se alivia la escasez de divisas y dejan de disminuir las reservas del Banco Central, en una tendencia a largo plazo, tendría un efecto muy fuerte sobre las expectativas.

–Pero, a su entender, ¿qué es lo que genera el aumento de precios?

–Esto que le dije de la insuficiencia de divisas es fundamental. En los sectores concentrados, donde hay posiciones dominantes y posibilidades de manipular los márgenes de ganancia, el principal instrumento que tiene un gobierno es introducir la competencia de las importaciones. Si usted no tiene las divisas, ese mercado se transforma en un coto de caza cerrado.

–¿No hay responsabilidad de los formadores de precios?

–No se puede simplificar el análisis inflacionario diciendo que la culpa la tienen los formadores de precios. Desde luego que muchos de ellos la tienen, pero también hay incrementos que tienen que ver con el aumento de los costos. Está bien, pueden manipular los márgenes, ¿pero por qué lo pueden hacer? Porque no hay competencia interna. Y si no hay competencia interna tiene que haber importaciones. Pero no se puede importar por la escasez de divisas, y bueno, ahí tiene todo el factor inflacionario.

–¿La emisión monetaria influye?

–No, creo que la emisión monetaria es una política pasiva, no pretende frenar los precios con la restricción del crédito, acompaña la demanda. No se trata de contener acortando la oferta monetaria. No se ganaría mucho con una política monetaria restrictiva si se dejan las demás cosas como están. En política económica no hay una sola medida aislada que pueda resolver los problemas.

–¿Qué hacer en el sector energético? ¿Se deben mantener los subsidios y las concesiones? ¿Hay que aumentar las tarifas?

–Está claro que toda la política indiscriminada de privatizaciones fue una mala política. En esos sectores estratégicos la presencia pública es fundamental, lo cual no excluye la presencia privada. En el caso energético seguramente hay un tema de tarifas, de subsidios, que determina que los precios no sean realistas y generan un déficit de fondos que podrían emplearse en otra cosa. También es cierto que hubo un fuerte aumento de la demanda, a consecuencia de la recuperación económica. Quedan un montón de temas pendientes, como revisar si todo este sistema que surgió en la década de los ’90 funciona o no. Hay que revisar eso.

–¿Cómo ve a YPF desde que se reestatizó el 51% de la compañía?

–La recuperación me parece fundamental, y allí está la gran incógnita de Vaca Muerta, estos yacimientos no convencionales que si son tan ricos como se dice, es muy importante que haya una empresa pública que lidere. Esto provocaría un alivio si se puede recuperar el equilibrio energético. El origen de la restricción externa es energético fundamentalmente. Entonces uno encuentra que hay países altamente industriales, como Corea o Alemania, que tienen déficit energético. Pero, ¿con qué lo pagan? Con manufacturas y tecnología, eso no les impide el desarrollo. Nosotros pagamos ese déficit con soja.

–¿Ve positivo el acuerdo con Chevron?

–Tengo la impresión de que es un acuerdo razonable, me parece que hay que esperar que dé buenos resultados. Hay una gran polémica con toda la cuestión ambiental, con reclamos razonables, pero al mismo tiempo no hay que caer en un fundamentalismo ambientalista que trabe el desarrollo de cosas que se pueden hacer bien sin comprometer el medio ambiente.

–¿Cree que de imponerse, en 2015, algún sector de la oposición puede haber una revisión de conquistas logradas en este período? ¿O el modelo no se toca?

–Hay cosas que se han hecho durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner que han sido muy importantes, por ejemplo la restructuración de la deuda, la nacionalización de YPF, del sistema jubilatorio, la recuperación de una capacidad financiera importante del Estado, que le han permitido al país recuperar su capacidad de gobierno, porque ahora no viene la gente del FMI a decirnos lo que tenemos que hacer. Yo espero que sobre todos estos logros no se dé marcha atrás.

–Hay economistas que fueron oficialistas y hoy revistan en la oposición.

–Eso es interesante porque esta expresión de la política nacional está en diferentes sectores, en el oficialismo, en el Frente Progresista, y también en el Frente Renovador. Siempre hemos tenido dificultad de poner bajo el mismo paraguas a las fuerzas nacionales, entonces terminamos como hemos terminado otras veces. Cuando las cosas salen mal, vuelve el pasado. Yo espero que esto no se repita.

Tres claves del pensamiento heterodoxo

Es indispensable terminar de conformar una economía industrial avanzada, capaz de operar en las fronteras del conocimiento y en condiciones de equilibrio externo, es decir, una industria competitiva que no necesite de las divisas del campo sino que las genere a través de sus capacidades competitivas.”

En los sectores concentrados, donde hay posiciones dominantes y posibilidades de manipular los márgenes de ganancia, el principal instrumento que tiene un gobierno es introducir la competencia de las importaciones. Si uno no tiene las divisas, ese mercado se transforma en un coto de caza cerrado.”

No se trata de contener acortando la oferta monetaria. No se ganaría mucho con una política monetaria restrictiva si se dejan las demás cosas como están. En política económica no hay una sola medida aislada que pueda resolver los problemas sino en el marco de un conjunto de acciones.”


Revista 23 - 9 de enero de 2014

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