Reportajes a Eduardo Azcuy Ameghino, Mario Rapoport y Osvaldo Barsky, mirando al campo Agustín Álvarez - David Cufré
Publicado el 19/3/2008 17:10:00 (3612 Lecturas)
Para seguir pensando sumamos la entrevista a Eduardo Azcuy Ameghino. Economista, historiador, sociólogo. Todos aportan diferentes miradas, complementarias y analíticas sobre el campo y los poderes en juego. El agro y su rentabilidad inédita, la defensa de las retenciones como freno a la inflación, cómo usar el dinero en las arcas, la reivindicación del esquema de retenciones móviles. Esto y más en tres entrevistas que construyen una nueva mirada.
El historiador de la economía rural explica por qué las retenciones son una constante en la Argentina. Afirma que es un error no diferenciar entre productores grandes y chicos. Y alerta: hay más concentración.
El economista especializado en agro Eduardo Azcuy Ameghino defendió el aumento de las retenciones al campo: “Aun con el nuevo impuesto, la rentabilidad de los ruralistas supera la de 2007”. El director del Centro de Estudios Agrarios de la Facultad de Ciencias Económicas (UBA) planteó, a la vez, una crítica. Dijo que la medida, sin diferenciar entre grandes y chicos, favorece la concentración de la tierra.
–¿Cómo explicar la existencia de las retenciones?
–Esta historia no empezó ahora. Todo el siglo XX ha habido una tensión permanente entre el sector agropecuario y la industria. La razón es muy sencilla. El campo produce sobre una llanura muy fértil, con un costo laboral históricamente más bajo que los países centrales. Eso genera una renta diferencial internacional. Y la industria es la que tenemos: no integrada, dependiente de insumos importados. Hay grupos multinacionales, pero mucha industria pequeña y mediana que no es competitiva por el atraso tecnológico. Eso hace que cualquier gobierno ponga retenciones. La idea del impuesto apunta a captar una ganancia extraordinaria que no siempre tiene que ver con la performance del sector. Se reimplantaron retenciones con la devaluación al 3 a 1. El tipo que cobra en dólares, antes percibía 1 y luego 3 o 4. Se cuadriplica su ingreso. Esta última retención viene porque el precio internacional de repente se fue de 700 pesos a 1.100, un aumento que no es producto del esfuerzo del agricultor sino del aumento grande de precios. La sociedad se siente autorizada a tomar el excedente que está en ese sector por razones ajenas a ese sector y utilizarlo para otros fines.
–¿Pero es cierto que al campo le va tan bien?
–El Gobierno cometió tres errores. Cuando se anuncia una medida así, se puede convocar a los sectores interesados. El Gobierno no lo hizo. Si se sacaran 2.000 millones de dólares extra, se podría haber dicho a la sociedad y al campo: “el precio se disparó y con el dinero que dejan de ganar lo vamos a usar para reconstruir la red troncal ferroviaria o lo que fuera”. No pasó. Las retenciones son iguales para personas diferentes. Están pensadas como si el campo fuera algo homogéneo y que es lo mismo cualquier productor. Tercer error. Se podría aplicar una retención segmentada y eventualmente coparticipable. Porque le sacan un impuesto a las provincias productoras y va a rentas nacionales. No vuelve.
–¿Qué tan diferentes son un grande y un chico?
–Un tipo con 100.000 hectáreas, con rinde bajo, 3 toneladas por hectárea, produce 300.000 toneladas de granos. Con 100, produce 300 toneladas. El primero tiene otro costo de producción. No compra el gasoil en el surtidor, sino mayorista. El fertilizante, en Profertil, con un descuento del 18% sobre el precio minorista. La mano de obra, llama a licitación de contratistas, para que se maten por hacerle la cosecha más barata. Y vende mejor, por poder de mercado. Tiene bastante más rentabilidad. Exagerando, los tipos con estas características son el 10% de los productores agropecuarios. Pero aportan la parte del león de la producción. El resto son chacareros pequeños y medianos, que producen poco. Son los sobrevivientes de los 100.000 chacareros que desaparecieron entre el 88 y el 2002. Retenciones iguales para gente que tiene estas diferencias. Al no diferenciar, el Gobierno pareciera querer unir a todo el campo en su contra.
–Federación Agraria dice: “no nos une el amor sino el espanto”.
–Desde mediados de los 90 se ha acelerado el proceso de concentración agraria.
–¿Cuánto gana un chacarero pequeño y uno grande?
–Hay una diferencia muy grande entre los que son propietarios y los que alquilan. Lo que está muy fuerte hoy es la renta de la tierra. Hoy la mayoría son propietarios porque los demás quedaron en el camino. Muchos son minirrentistas. Alquilan a pools de siembra. Se pactaron alquileres para esta campaña en 22 quintales, en tierras muy buenas. Digamos 20. En tierras no tan buenas, promedia 15 quintales. Con retenciones, la tonelada está 267 dólares. Da 530 y 400 dólares por hectárea, respectivamente. Es la renta por hectárea. Una persona que arrienda 100 ha. percibe 40.000 dólares. Uno que arrienda 1.000 ha está percibiendo medio millón de dólares. Aun con las nuevas retenciones, la renta todavía está por encima de lo que estaba el año pasado. Nadie de los sojeros está yendo a pérdida. Esta medida implica que dejan de ganar. La rentabilidad se mantiene igual que antes del aumento grande de los precios. Es cierto que los costos subieron mucho en dólares. Los productores chicos son a los que les aumenta más el costo y para los que el dejar de ganar los acerca a una situación que los puede complicar.
–¿Por qué las retenciones favorecen la concentración?
–Este dejar de ganar hace que aumente la concentración. Un ejemplo. Yo gano 500 dólares por hectárea. La cosa está difícil, los costos aumentan, el Gobierno metió esta retención. ¿Se justifica que tome el riesgo? Pero el grande y el chico están juntos en el piquete. El grande le dice en el piquete: “si esto no se arregla, no te preocupes, yo te alquilo en la tierra la próxima campaña”. Es el diálogo clave. Ahí desapareció un pequeño productor. Se hace rentista. Así sigue el proceso de concentración económica.
–¿Por qué el Gobierno hace esto?
–De los 100 que están en el piquete, 95 son pequeños y medianos productores que, con una retención segmentada, hasta se podría conseguir su apoyo político. Y el impuesto que se les cobra no cambia mucho las cosas, porque el 70% de la soja la tienen el 10%, o sea, los grandes.
–Pero es un gran error político.
–¿Pero es un error político o es la naturaleza de este Gobierno? Acordémonos de lo que pasó con la carne. Cuando los productores hicieron paro, los que mandaron vacas fueron Eduardo Eurnekian, los Werthein, la Hidrovía. El problema es que el Gobierno no sólo no segmenta, sino que termina apoyándose en los grandes. Los grandes se mueren de ganas de arreglar con el Gobierno.
“El campo protesta como las privatizadas”
El economista e historiador Mario Rapoport aseguró que el campo tiene una rentabilidad inédita y recordó que el sector no siempre se opuso a la aplicación de retenciones.
El director del Instituto de Historia de la Facultad de Ciencias Económicas dijo que lo más parecido al actual contexto inflacionario y pelea con el campo fue el primer peronismo.
–¿En qué otros momentos fueron protagonistas los problemas con la carne, la inflación, riesgos de desabastecimiento y enfrentamiento con el campo?
–El más emblemático sin duda fue el primer gobierno de Perón. Cuando Perón aprovechó los precios internacionales de los productos agrícolas para trasladar ese excedente a otros sectores, como el industrial, a través del IAPI. Eso creó mucho malestar en los sectores agrarios, especialmente en la Sociedad Rural, que era la más representativa. Después hubo choques diversos, siempre en función de políticas de retenciones. Aunque depende también de los gobiernos. Una retención intentada por Krieger Vasena, durante el gobierno de Onganía, era una cosa, y una retención puesta por el gobierno peronista era otra. No hay que verlo sólo en función de cómo se afecta al sector agropecuario, sino también en función de ideologías y de políticas a las que están vinculadas. El conjunto de intereses que tiene que ver con otras cosas. Por ejemplo, Martínez de Hoz durante la última dictadura militar también afectó al sector agropecuario. Y no se vieron manifestaciones como las actuales. También la convertibilidad lo afectó mucho. Pero se beneficiaban por otro lado. Y hoy el tema es bastante extraño, porque las tasas de rentabilidad del sector son muy altas. Pero habría que diferenciar, dentro del sector, los que están ganando mucho de los que ganan poco o no ganan.
–¿Las retenciones acompañaron siempre precios internacionales tan altos como ahora?
–Habría que hacer bien la comparación. Quizá después de la Segunda Guerra, en la década del 60 también hubo precios altos. Pero tan altos, no. Habría que hacer un ejercicio de comparación. No tiene que ver sólo con los precios. La convertibilidad aplicó una política de revaluación del peso que perjudicó las exportaciones agrícolas. No son sólo los precios. Tiene que ver con un conjunto de políticas. Sectores afectados o no afectados, intereses e ideologías que están en juego. Con estas retenciones hay sectores importantes que son afectados. Hay sectores que tienen ganancias extraordinarias.
–El Gobierno critica a la “oligarquía ganadera”. Pero el campo dice que ya no hay más oligarquía. ¿Es prematuro darla por terminada?
–Oligarquía significaba un sector privilegiado de la sociedad, que vivía de la renta agraria y del campo. Algunos lo llamaban “el gobierno de las vacas”. Todavía existen sectores que son muy poderosos en la Argentina. Que una parte de este grupo está en el sector agrario, también es cierto. Y que muchos sectores del campo pertenecen a inversores extranjeros. Los términos en sí pueden ser exactos o no, pero es una palabra para designar a un sector privilegiado. Y en los últimos años, un sector que ha sido privilegiado. Se queja, a pesar de haberlo sido.
–¿Las reacciones del gobierno peronista eran tan confrontativas como ahora?
–Siempre hubo en los gobiernos peronistas una gran confrontación con el agro. Y del agro con el gobierno. Pero las protestas actuales me parecen exageradas en función de la rentabilidad que han tenido en los últimos años. Es como la protesta de las privatizadas después de la devaluación. La rentabilidad que tuvieron antes la pagamos todos los consumidores. Hay lágrimas de cocodrilo y protestas legítimas. Pero acá creo que hay mucha lágrima de cocodrilo. Salvo en el caso de los pequeños productores que no se benefician tanto. Pero no son los más importantes.
–¿Los contextos inflacionarios siempre tuvieron una secretaría de comercio fuerte?
–Personalidades... hay que separar. Una cosa es una personalidad fuerte, y otra es el proceso inflacionario en sí. Éste es más importante. Y una de las causas para el aumento de los precios es justamente el aumento de los precios internacionales. Porque los precios internos se ajustan inmediatamente. Por eso las retenciones. Es justamente la manera de frenar esta inflación. Si no, el precio de ciertos productos se va a las nubes. En ese sentido, las retenciones son parte de una política antiinflacionaria. Después tiene que haber otros instrumentos.
–Sectores que reclaman un plan de shock antiinflacionario dicen que esas políticas nunca funcionaron.
–Un plan de shock antiinflacionario siempre tiene que ver con mantener aplanados los ingresos salariales. Lo que se utiliza es frenar el gasto público. Cuando hablan de plan antiinflacionario quieren decir liberar los precios de exportación, y mantener bajo el gasto público y los costos salariales. Es lo que proponen esos sectores. Liberar lo que les conviene y congelar lo que no les conviene. Es como la política proteccionista que tienen los países desarrollados. También hablan para afuera del libre comercio, pero en la OMC, los subsidios no los discuten. Son intereses. Hay que ver cómo se reparten los beneficios para la mayor parte de la población. Ése es el punto esencial. Los años de oro de la época agroexportadora dejaron mucho que desear. Y todavía hoy hay una gran deuda social que saldar.
–¿Cómo fue que terminó el gobierno peronista el conflicto con el campo?
–En la segunda etapa del gobierno hubo una gran crisis entre 1949 y 1952, y hubo dos grandes sequías en el campo. Los precios internacionales comenzaron a ser desfavorables. El Plan Marshall en Europa les permitió a los estadounidenses colocar sus productos agropecuarios y perjudicó mucho a los productores argentinos. Eso los forzó a utilizar el IAPI en el sentido inverso: darles precios sostén a los productores aun cuando los precios internacionales fueran menores. El contexto mundial fue muy distinto a la primera etapa del peronismo.
–¿Cuál es la probabilidad hoy de que se revierta el ciclo alcista de precios agropecuarios?
–Mientras sigan entrando en el mercado mundial algunos millones de chinos es difícil que ocurra. Pero igual hay que tomar precauciones.
“Ni Macri las sacaría”
Osvaldo Barsky es investigador principal del Conicet. En este reportaje con Página/12 reivindica el esquema de retenciones móviles, sostiene que más que cuestionar su aplicación, habría que hacerla más efectiva. El experto recomienda a los productores agropecuarios que asuman la imposibilidad de salir del nuevo esquema. “Es el corazón de la economía.” Sugiere discutir cómo usar el dinero.
–¿Las retenciones móviles ponen en peligro la continuidad de los productores más chicos?
–No hay pérdidas, ése es un discurso absurdo. Las retenciones operan sobre rentas extraordinarias. No las llamaría ni siquiera ganancias, sino ultrabeneficios que están muy por arriba de los costos. Los precios de los granos en el último trienio han aumentado a razón de 80 a 120 por ciento por año. Contra semejante suba no hay costo interno que haya crecido en esa proporción ni nada parecido.
–¿Pero existe un desplazamiento de productores pequeños y medianos por grandes pools de siembra?
–Lo que hay es un proceso de concentración del capital, no de la tierra. En la región pampeana hay mucho rentismo. La gente que tiene tierras está ganando mucho dinero, porque los precios han subido de manera extraordinaria. Pero nadie vende. Alguien que tiene 100 hectáreas, que en esa zona es poco, está recibiendo 150.000 pesos de alquiler al año. Por eso los pueblos están florecientes. Están ganando cinco o seis veces más que cuando eran productores. Hoy tenemos un actor nuevo que es el rentista. Y el productor mediano está sacando entre 50 y 100 mil dólares cada cosecha, según el caso, y eso dos veces al año. En donde sí hubo desplazamientos fue en el Norte, en provincias como Chaco, Formosa y Salta, con compras de grandes extensiones de tierra a precios regalados por la ampliación de la frontera agraria por las nuevas tecnologías de siembra.
–¿Cuáles son las ventajas y las desventajas de las retenciones móviles?
–Tiene importantes ventajas. La primera es la previsibilidad. Ahora queda muy claro para todos al iniciar su actividad cuáles son las bandas de precios con las que se van a manejar. Desaparece la discrecionalidad del funcionario. La segunda, que ha quedado tapada en el debate, es que la medida prevé la baja de las retenciones y hasta su desaparición si las condiciones internacionales cambian y los precios caen. La tercera es que se estimula la producción de maíz y trigo por sobre la soja y el girasol. Es lo que se venía reclamando, fortalecer la rotación de cultivos. No para que se siembre menos soja, sino para que pueda haber más maíz y trigo.
–¿Y las desventajas?
–Creo que la medida podría haber sido más sofisticada, en el sentido de tomar en cuenta no sólo la evolución de los precios internacionales de los granos, sino también cómo se mueven el tipo de cambio y los costos internos.
–¿Se le puede reprochar al Gobierno que no haya consultado la medida con las entidades rurales?
–El problema no es tanto la falta de consulta, porque seguramente la respuesta de las entidades hubiera sido negativa, sino que no se genere un debate profundo sobre la política agropecuaria. Una parte de la dirigencia del campo es pro Estado cuando está en problemas, entonces sale a pedir que los rescaten, y no quiere saber nada con el Estado cuando ganan mucha plata. El gobierno debería generar un debate de otra calidad. A esta altura, además, la debilidad de la Secretaría de Agricultura es pavorosa. Que no existe un buen ministerio de Agricultura, con capacidad técnica y poder de negociación política, es inconcebible.
–¿Sobre qué habría que debatir?
–Se debería discutir una Ley Agraria completa que tome en cuenta los intereses de todos: el Estado, los consumidores y los productores. Así funciona en países centrales como Estados Unidos, pero también en otros como México. Para afrontar los desafíos hace falta un Estado más capacitado, no menos Estado. El que tenemos está desvencijado. Lo que las entidades rurales deberían plantear es que con una porción de la recaudación por las retenciones se mejore la política de subsidios para que no aumenten los precios de los alimentos, que se invierta fuertemente en infraestructura para mejorar los caminos troncales, los ferrocarriles. Se necesitan montañas de obras para abaratar los costos internos. Y también que se invierta en tecnología. En ese terreno estamos muy atrás de los países desarrollados y también de vecinos como Brasil y Chile.
–¿Usted plantea mejorar el destino de los recursos?
–El debate tiene que ser profundo. Lo que la gente de campo debe entender es que con las retenciones no hay marcha atrás. Ningún político, ni Macri, va a salir de este esquema, salvo que sea un suicida. Es el corazón de la economía. Es lo que garantiza que los precios internos no se disparen, que haya superávit fiscal, que entren recursos para pagar la deuda y que se puedan acumular reservas. Si los productores agropecuarios no entienden esta cuestión no pueden discutir nada. Las retenciones son una condición necesaria del bienestar general, incluidos ellos.
*Eduardo Azcuy Ameghino. Economista, Lic. en Sociología. Director del Centro de Estudios Agrarios de la Facultad de Ciencias Económicas (UBA). Autor de varios artículos para Realidad Económica.
Mario Rapoport es uno de los historiadores económicos más respetados del país. Integra el Instituto para el Modelo Argentino. Su libro Historia económica, política y social de la Argentina es un texto de referencia en las universidades en las que se estudia economía. Fue uno de los ideólogos del Grupo Fénix, que allá por 2002, en un atestado Salón de Actos de la Facultad de Economía de la UBA, presentó un plan económico para salir de la crisis con equilibrio social.
Osvaldo Barsky nació en la Argentina en 1943. Es Magister Scientae en Sociología e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la Argentina, donde ha presidido la Comisión Asesora de Sociología y Demografía. En la actualidad dirige proyectos de investigación en el área de la historia del agro nacional.